Natalia Lafourcade soñó “Hermano” completa. Se despertó, le pidió a su esposo que sostuviera al bebé porque tenía una melodía en la cabeza y se puso a cantarla. De ahí salió una oda a la comunidad migrante junto a Carlos Santana y el productor Edgar Barrera, como contó la cantautora en una entrevista con Rolling Stone.
“No es común que una idea llegue así, tan completa”, dice Lafourcade. La canción llega en un momento especialmente sombrío para la comunidad latina en Estados Unidos.
Cómo llegó Natalia Lafourcade a “Hermano”
Cuando la invitaron a trabajar con Santana, Lafourcade mandó la maqueta a Barrera para saber si encajaba. Al productor le encantó y propuso que se vieran en Miami para trabajar la estructura y la letra. Ella habla de una aportación “maravillosa”.
Santana, por su parte, lo ve como algo destinado. Dice que su vida entera tiene que ver con la gracia, a la que define como el lado femenino de Dios, y que canciones como esta vienen predestinadas. Su parte, asegura, es llegar, cerrar los ojos y tocar la guitarra.
El tema se suma a la racha reciente del guitarrista: el dueto “Mi Gran Amor” con Becky G y sus colaboraciones de 2025 con Carín León y Grupo Frontera.
Son jarocho, cuatro y una guitarra que no estorba
“Hermano” es una balada terrosa con toques de son jarocho. Lafourcade cuenta que nació como balada con un fuerte acento veracruzano, y que se escucha la influencia del huapango y el ritmo de 6/8. También metieron un cuatro, instrumento que ama y que la acompaña cuando compone. Quería que sonara mexicana, pero también universal: raíces, un toque contemporáneo y la huella de Santana.
Lejos de sonar a sermón, la canción apuesta por la voz serena de Lafourcade y la guitarra con alma de Santana como una invitación a reconciliarse. La cantautora elogia el trabajo de Barrera, de quien dice que puede abordar muchos géneros y que le mostró su versatilidad como productor.
Sobre la guitarra, que aquí es delicada y discreta, Lafourcade no duda: es un caso de menos es más. Ve a Santana como un “lobo de mar” con experiencia, comparable con la gente que trabaja el campo en su tierra y sabe exactamente cómo cortar el bambú con un machete. “Donde sea que toque Carlos, sabrás que es él”, dice, y destaca lo agradable de trabajar con músicos a los que ya no les queda nada por demostrar.
Lo que dice Carlos Santana sobre ser mexicano en Estados Unidos
Santana recuerda que, al empezar, se identificaba con Ritchie Valens y José Feliciano, y que admiraba a Dolores Huerta. Su mentor, dice, fue Harry Belafonte, de quien le quedó una idea: no importa cuánto dinero tengas ni qué tan famoso seas, sino cómo te comportas.
Cuando le preguntan cómo se define, contesta que intenta no hacerlo, aunque se llama a sí mismo un “mexicano multidimensional”. Y agrega que, siendo de Tijuana, hay que tener tenacidad.
Su postura sobre la migración es tajante: nunca se identificó con la mentalidad de víctima. “No ando con la cola entre las patas pidiendo perdón por ser mexicano en Estados Unidos”, afirma. Para él ya toca reivindicar que merecemos estar en este planeta, y da igual si se vive en San Rafael, Kauai o Las Vegas: “es solo otro cuarto de la misma casa”.
Lo que Natalia Lafourcade espera de la canción
Para Lafourcade, el mensaje parte de un problema de fondo. Le parece una lástima que el mundo siga viviendo discriminación, violencia y racismo, conflictos que, en su lectura, nacen de la falta de empatía y de justicia.
Hoy, dice, siente más que nunca el deseo de crear canciones capaces de transformarnos, y es lo que más le pide a la musa. Sabe que no controla a cuántos corazones llegará un tema, solo su intención. Su deseo es que “Hermano” despierte conciencia, que quizá llegue a quienes maltratan a sus propios hermanos y que haga preguntarnos cómo cultivamos nuestra luz individual para tener impacto colectivo. Para ella, la idea de que la vida es una búsqueda individual ya quedó obsoleta.
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Foto de portada: vía Rolling Stone







